CRECER EN LA ADVERSIDAD (II)

Esta es la segunda de tres contribuciones que pretenden invitar a enfrentar cualquier tipo de prueba, de una manera distinta.

  • Es tiempo para nuevas oportunidades, posibilidades y aprendizaje
  • Construir y responder nuestras propias interrogantes, nos facilita la toma de decisiones

José Manuel Bustos C.

Coach & Mentor

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Desde la teoría del “Triuno”, – propuesta por Paul MacLean en los 60´s, – se acepta que  este gran órgano cerebral, se compone de tres capas fundamentalmente; a la primera se le conoce como reptiliano, desde donde nuestra conducta se limita a satisfacer necesidades básicas como la alimentación, la reproducción y simplemente … sobrevivir. Al segundo nivel se le identifica como límbico, y su accionar está vinculado a las emociones humanas y en animales; para quienes tienen mascota y llegan a la casa después de unas horas, notarán la energía de ese gato o el perro moviendo la cola, esperando recibir el cariño “de su amo”. Finalmente, a la capa mayor la entendemos como neocorteza, que es donde la razón y el pensamiento crítico, nos diferencia de otros seres.    

Por este funcionamiento del cerebro, sucede que aunque nos propongamos a salir a caminar mañana temprano, pero al despertar está la temperatura muy baja o hay un poco de llovizna, se activan funciones cerebrales desde donde se “envía el mensaje” de que no salga a arriesgarse, y que la cobija caliente le sigue esperando. En el momento que tomamos plena y absoluta consciencia que el cerebro es nuestro y que somos nosotros quienes “damos las órdenes”, podremos por ejemplo tener la determinación de que aunque esté un poco frío o lloviendo, nada detendrá el entusiasmo de salir a invertir en nuestra condición física.

Además de tratar de comprender las formas en que funcionan nuestras decisiones, sean emocionales o racionales, consideraría apreciado lector, ¿si todo este tiempo también es propicio para realizar una revisión profunda a nuestro nivel de creencias? Con esto, podríamos comprender de mejor forma, cómo hemos logrado cumplir nuestros anhelos y sueños hasta la fecha, basados en todo lo que creemos hasta de nosotros mismos, según nuestros talentos y todo lo que nos apasiona. Si logramos tener claro todo en lo que sí y en lo que no creemos, nos conoceríamos mejor y podríamos tomar mejores decisiones para nuestro bienestar. Este tipo de práctica, nos facilitaría ahondar más en ese nivel de nuestra mente donde el 95% de las veces, decidimos en automático, dejando solamente un 5% para decidir de forma consciente sobre aspectos básicos sobre qué desayuno hoy, que vestimenta usaré, o qué ruta tomaré para dirigirme a mi destino.

Todo pasa por conocernos aún más a nosotros mismos y esta particular coyuntura que tardará unos meses más, ¿considera que es un momento oportuno para revisar actitudes, pensamientos,  conductas para la toma de nuevas decisiones? De ser así, ¿qué nuevas metas puedo proponerme? ¿qué otras fortalezas poseo que me permitan llegar a un nuevo nivel? ¿qué son aquellas acciones que durante tanto tiempo deseaba realizar y no había podido? Y si soy emprendedor, ¿qué otros mecanismos de elaboración, producción y comercialización de bienes y servicios puedo desarrollar?

Debemos obtener las mejores lecciones de este momento, para que en el mediano y largo plazo, sintamos la satisfacción de que pudimos hacer frente de forma inteligente a tan difícil prueba, y que luego podamos decir: saqué la mejor versión de mí ante la adversidad. Tengamos presente que es en este tipo de pruebas, donde emerge el ingenio y se desborda nuestra naturaleza creativa.

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